El lado bueno de la ira

Uno podría no sentirse tentado a llamar a la ira el más abierto de los pecados capitales; golpea a uno más como el más presuntuoso y farisaico de los siete. Sin embargo, el trabajo reciente de Maia Young de la UCLA y sus colegas arroja ira de una manera mucho más halagüeña.

En un estudio, Young exploró lo que los psicólogos llaman el sesgo de confirmación: la tendencia generalizada que todos tenemos para buscar información que confirme nuestras creencias preexistentes. Muchas investigaciones muestran que cuando se les da a elegir entre leer argumentos que refuerzan sus creencias más preciadas versus aquellas que los socavan, las personas a menudo optan por lo primero; esta es la razón por la cual los demócratas miran The Daily Show y los republicanos miran a Fox News.

Young estaba interesado en lo que la ira haría con el sesgo de confirmación. La intuición puede llevarlo a especular que la ira amplificaría el sesgo de confirmación, guiando a la persona autojustificada e impulsada por la ira a procesar selectivamente información coherente. Young pensó que la ira en realidad podría tener el efecto opuesto: abrir en lugar de cerrar la mente.

Para probar esta hipótesis, Young primero hizo que los participantes recordaran un evento que los había enojado; luego hizo que eligieran entre confirmar la creencia y debilitar la información. Lo que encontró fue que la ira revirtió el sesgo de conformación, haciendo que las personas fueran más propensas a buscar información que no confirmara. Además, descubrió que, por consiguiente, las personas enojadas tenían una mentalidad más abierta, ya que era más probable que cambiasen sus creencias que los controles.

Esta reversión es probablemente un producto de la mentalidad de confrontación tan central en la experiencia de la ira. Cuando se encuentra en medio de esta emoción, uno se encuentra en un estado de ánimo antagónico y exigente. Es esta inclinación por desafiar a los demás lo que puede llevar al enojado a buscar los argumentos de sus oponentes. Y aunque tal estrategia de búsqueda de información puede estar motivada por el gusto por la confrontación, también puede tener el feliz efecto secundario de hacer que una sea más abierta a la persuasión y, como resultado, a la moderación.

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