Sobrevivientes de trauma y adicción

Mientras haya habido guerras, el trauma ha sido reconocido como la causa de síntomas debilitantes que duran mucho tiempo después de que termina la guerra. Pero el combate activo no es la única forma de trauma, ni siquiera la más común. Recientemente, los médicos comenzaron a darse cuenta de la gran variedad de traumas que tienen efectos persistentes.

El trauma se define como una lesión mental o física causada por algo fuera del control de la víctima y fuera de la experiencia normal. Además del combate, el trauma puede ser causado por un desastre natural, asalto, violación, accidente, incesto, abuso sexual o enfermedad grave. Una persona puede estar traumatizada incluso por un evento que no le haya afectado directamente, como la muerte de un ser querido o ser testigo de un crimen. Los estudios sugieren que es especialmente probable que el trauma sea el resultado de un comportamiento deliberado, como violación o asesinato, que de accidentes o desastres naturales.

Un evento traumático puede ser un incidente catastrófico único, como un accidente automovilístico, o una situación continua, como abuso doméstico o sexual. Las personas responden al trauma de diferentes maneras. Una persona podría sufrir graves efectos, por ejemplo, de un gran terremoto, mientras que otra podría continuar funcionando dentro del rango de normalidad. El factor crucial no es lo que sucedió, sino cómo la persona respondió a él. La capacidad de una persona para hacer frente a los eventos estresantes depende de tres factores: la historia de la persona, las habilidades de afrontamiento aprendidas de niño y su estabilidad emocional en el momento del evento.

La fisiología del trauma

El trauma altera el funcionamiento fisiológico del cerebro. Cuando el tallo cerebral primitivo envía norepinefrina, parte de la lucha automática o reflejo de vuelo que ocurre durante los momentos de estrés o peligro, nos afecta físicamente, con un corazón palpitante, por ejemplo. También estimula las partes del cerebro que funcionan mejor, particularmente la amígdala, una parte del sistema límbico que regula la intensidad emocional. Inundar continuamente la amígdala con norepinefrina puede provocar un desequilibrio en la química del cuerpo. Cuando la hormona se libera por el estrés repetido, hace que las fibras nerviosas sean más sensibles, lo que provoca que las neuronas fallen. Incluso cuando no existe un peligro inmediato, una pequeña cantidad de norepinefrina puede causar reacciones extremas, más apropiadas para el trauma original que para la situación actual.

Síntomas del trauma

Esta hipersensibilidad de las neuronas es lo que causa los tres síntomas principales del trauma. Estos síntomas incluyen:

• Volver a experimentar el trauma a través de sueños, alucinaciones, flashbacks, o en el caso de niños, actuando el trauma en el juego

• Evitar los recuerdos intrusivos por negación, entumecimiento emocional o disociación de la realidad

• Aumento de la excitación y la respuesta, como ser fácilmente sobresaltado o rápido para enojarse, o experimentar insomnio o excesiva vigilancia contra el peligro

El efecto acumulativo de estos síntomas es dar al sobreviviente del trauma una sensación de extrema ansiedad. Se siente impotente para controlar estos síntomas, ya que no tiene poder para controlar el evento traumático, y puede manejar esa vulnerabilidad de una de tres maneras. Él podría compensar en exceso al ser excesivamente controlador e incluso paranoico en un intento de evitar el peligro mediante una vigilancia extrema. Él puede buscar activamente situaciones peligrosas para probarse a sí mismo que realmente puede controlar los eventos. Él puede automedicarse.

La automedicación es cualquier actividad o comportamiento que el sobreviviente del trauma pueda usar para tratar de aliviar el dolor. Un sobreviviente de trauma vive en un estado incesante de dolor, continuamente vuelve a experimentar un evento o situación espeluznante, teme que ocurra nuevamente, y lleva el sentido del mundo como un lugar aterrador sobre el cual ella no tiene control. El alivio puede provenir de una droga, del alcohol o de conductas "reconfortantes" como comer excesivamente, ir de compras, apostar o tener relaciones sexuales. La automedicación conduce con demasiada frecuencia a la adicción.

"Curar" las adicciones de un sobreviviente de trauma, por lo tanto, no es solo una cuestión de abstenerse de usar la sustancia adictiva o suprimir las conductas adictivas. Los esfuerzos en la recuperación están condenados al fracaso a menos y hasta que se aborde la causa subyacente. El evento desencadenante debe ser revisado y abordado conscientemente. Al adicto se le deben dar las herramientas adecuadas para lidiar con las emociones extremas que ese evento desata y continúa desatando. La única forma duradera de curar el dolor es recuperar un sentido de poder personal.

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